Cientos de gotas caía en una parafernaria sensual contra mi ventana.
Yo me preguntaba si le gustaba hacerse las lindas, concientes de que las miraba,
o si simplemente era su forma celestial de descender de los cielos.
Trataba de no darle importancia mientras borraba sus alientos con la palma,
pero me extasiaba su danza alocada, y me mantuvo pegada a la ventana durante horas
hasta que la última de ellas no dejo rastro alguno sobre el vidrio.
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